Inspiración,  Salud

Cuando descubrí la importancia de trabajar con las manos [parte 2]

En el post anterior te estaba contando cómo descubrí la importancia de trabajar con las manos. Voy a retomarlo por donde lo dejé y si no pudiste leer la primera parte te dejo el link aquí.

Grandes cambios

Bueno, por donde iba… ah sí… cuando llegó mi niña…

Cuando nació mi niña, llenó todo mi mundo. Mis manos solo se centraron en ella y las dejé de lado completamente de lado. Me centré de lleno en la crianza. Dejé el taller de cerámica y cuando me incorporé al trabajo, mis días fueron pasando entre estar con mi bebé y horas frente al ordenador. 

Al principio todo iba bien. Durante las mañanas trabajaba a tope como diseñadora gráfica poniendo mucho esfuerzo y energía, y por las tardes estaba con mi hija, era mi pausa, mi momento de calma. Cuidar de ella era lo único que quería y era en donde centraba prácticamente toda mi atención. Practicaba el mindfulness con ella al darle el pecho, en la ducha, en el juego, en la comida. Me recreaba en cada momento que pasaba con ella y lo atesoraba porque sabía que cada uno de ellos iba a ser irrepetible… 

Conforme fueron pasando los meses, mi mente empezó a necesitar otras cosas. Ya no me bastaba con trabajo y bebé. Había una parte de mi que necesitaba incorporar otras actividades creativas pero yo no la escuché. Tampoco “tenía tiempo” esa típica frase que nos decimos para anteponer todas las cosas por delante de nosotras mismas. Así seguí yo con mi rutina, dándolo todo en el trabajo por las mañanas y por las tardes bebéfulness.

El punto de inflexión

Estaba claro. Esa situación no podía durar mucho. Mi cuerpo empezó a revelarse hasta que una fuerte crisis de estrés pudo conmigo. No escuché cuando me pidió una válvula de escape, para canalizar esa energía creativa que salía de mis manos. Había descuidado por completo trabajar con ellas y eso me pasó factura.

Todas la tardes al salir del trabajo tenía una ansiedad que me oprimía el pecho que no me dejaba respirar y no podía parar de llorar. ¡Qué mal lo pasé! Tenía a mi pareja muy preocupada y me pidió que me tomara unas vacaciones de urgencia para parar y una amiga me abrió las puertas de su casa para que fuera a visitarla a su pueblo para alejarme y poder verlo todo con perspectiva. 

No lo pensé mucho, pedí unas vacaciones forzosas para recomponerme y fui a visitar a mi amiga a su pueblo. Me acompañó en ese momento, puso sus oídos y toda su comprensión para entender por lo que me estaba pasando. Me sirvió como de retiro espiritual y me calmó mucho en esos días. También me puse en manos de un psicólogo que me ayudó a entender lo que me sucedía y me dio valiosas herramientas para fortalecerme y tener más confianza en mí misma.

Toda esta situación hizo que me replanteara mi vida laboral. Yo necesitaba estar más conectada con mis manos, necesitaba darles el valor y el espacio que se merecían, principalmente por mi salud. Ya me habían demostrado en varias ocasiones la importancia que tenía ponerlas a trabajar. 

Encontré el bordado

Durante esas semanas de crisis empecé a bordar a mano. Encontré un bastidor viejo que tenía mi madre por casa y una caja de latón con un puñado de hilos de cuando hacía punto de cruz. Ya había bordado alguna cosita hacía algún tiempo pero todo habían sido pruebas en pedazos de tela, como cuando jugaba de niña. Esta vez me propuse hacer un bordado para el recuerdo. Un proyecto que diseñé y bordé hasta el final. En el proceso, descubrí que centrando mi atención en la labor lograba poner mi mente en blanco. ¡Fue liberador! Lo tengo claro. El bordado me ayudó a salir de una crisis de estrés que nunca antes había experimentado.

Por fin todo empezó a encajar. Y en pocos días tomé la gran decisión de dejar mi trabajo para empezar a crear uno a mi medida. Con el bordado descubrí que podía aplicar todos mis conocimientos de diseño gráfico e ilustración, y como no, una de las partes más importantes, poner a trabajar a mis manos, y así con todo poder crear dibujos bellos bordando sobre telas.

Ahora hago diseños de bordado, preparo kits y hago talleres para que tú también puedas experimentar lo poderoso que es bordar a mano. Quiero enseñarte y que compruebes por ti misma todos los beneficios que te aporta conectar con tus manos, conectar con los sentidos y conectar con el presente. En definitiva a practicar mindfulness a través del bordado, o como yo le llamo, #mindfulembroidery. 


He querido compartir contigo esta parte tan personal de mi vida porque quería contarte cuál ha sido el germen del que surgió Montatela.

Sígueme en las redes y comparte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *